martes, noviembre 06, 2007

La Edad de la Tierra


Hacía mucho tiempo que no escribía en el blog, más por falta de tiempo que por falta de motivación, pero por fin he conseguido sacar un rato y traeros una nueva historia que contar.

Y precisamente de tiempo va hoy el asunto. Siguiendo la serie comenzada en el artículo anterior, que consiste en que conozcamos un poco más acerca del planeta en que vivimos, y más concretamente cómo hemos llegado a conocerlo, hoy vamos a hablar de uno de los retos más difíciles de conseguir en la historia de la ciencia: la Edad de la Tierra.

La Biblia



Los primeros intentos serios de calcular la edad de la Tierra fueron realizados estudiando los textos bíblicos, y tasaron la edad de la Tierra en unos 6.000 años, teniendo en cuenta que en dichos textos se citan todas las generaciones (unas 20) desde Adán a Abraham, y se calculan unas 55 desde Abraham a Jesús. De esta forma habrían pasado unos 4.000 años desde la creación hasta el nacimiento de Jesús.

Sabemos a día de hoy que este dato es completamente incorrecto, y que la Edad de la Tierra es muchísimo mayor, por no hablar de la edad del Universo. El error en este caso no estaba en el análisis de los textos, que pudo ser más o menos riguroso y cuidado, sino en tomar los textos bíblicos de una forma completamente literal. Aun así, esta creencia fue mantenida durante mucho tiempo, hasta aproximadamente del siglo XVIII, cuando el nacimiento de la geología comenzó a dar las primeras pistas de la edad que hoy en día tomamos como acertada.

Comienzos de la Geología




El interés comenzó intentando buscar una explicación a los numerosos fósiles de moluscos y otros animales marinos que aparecían en las cumbres montañosas. ¿Cómo habían llegado hasta allí? Para explicarlo surgieron dos teorías. Por un lado estaba la teoría neptunista que defendía que había ciclos de inundaciones que llegaban a cubrir la Tierra por completo, sumergiendo las montañas completamente. El problema de esta teoría es que no podía explicar de dónde venía el agua y dónde iba a parar cuando se retiraba. La otra teoría era la plutonista, cuyos argumentos eran que la Tierra estaba sujeta a potentes fuerzas interiores que producían los volcanes y los terremotos, pero no daban a explicar como habrían llegado los fósiles hasta ahí arriba.

Fue a la llegada del escocés James Hutton cuando se empezaron a dar pasos en la dirección correcta. Para empezar Hutton advirtió algo en lo que nadie se había percatado nunca, o que no le habían dado mayor importancia: la erosión. Se dio cuenta de que la tierra en las faldas de las montañas era mucho más suelta debido a que estaba formada por partículas que los ríos arrastraban desde las cimas y que si el proceso continuaba en el tiempo, la Tierra se volvería muy lisa, así que tenía que haber un proceso generador de nuevos accidentes geográficos.

Tras la muerte de Hutton en 1797, el interés en la geología comenzó a crecer de manera descontrolada llegando a ser la rama científica con más adeptos en el siglo XIX, en incluso un fenómeno social en las áreas intelectuales en general. Entre las múltiples teorías para describir el fenómeno generador del relieve, destacó principalmente Charles Lyell, considerado el padre de la geología moderna. Lyell planteaba un desarrollo uniforme de la geografía, tan lineal que observando los acontecimientos actuales se podría explicar el pasado geológico. Su obra tuvo tal éxito que prácticamente desbancó el resto de teorías. Darwin, por poner un ejemplo, fue un gran seguidor de Lyell.

Tras Lyell hubo una avalancha de clasificaciones de la historia terrestre en épocas o periodos, tales como el Jurásico o Pleistoceno. Hubo tal disparidad y cantidad de clasificaciones que incluso hoy no hay una única clasificación concertada. Pero a pesar de tanta clasificación y subdivisión, nadie podía decir con certeza la duración de cada periodo, y mucho menos la edad de la Tierra. Para eso tuvieron que pasar aún muchos años.



¿Cómo calcular la edad real?



En este momento te pediría que dejases de leer un momento, dejases correr tu imaginación e intentases pensar algún medio para calcular la edad de la Tierra pues, aunque no hayan conseguido su objetivo, en la historia no han faltado propuestas ocurrentes.

Una de ellas, a manos de Edmond Halley, consistiría en dividir la cantidad de sal total que hay en el mar entre lo que se añade cada año, y de esta forma calcular cuanto tiempo llevan existiendo los mares; pero por desgracia no se sabía cuanta sal hay en el mar ni cuanta se añade anualmente, por lo que no había forma de realizar el cálculo.

Otro intento vino del francés Georges-Louis Leclerc que, sabiendo que la Tierra disipaba calor, realizó un experimento calentando unas esferas al rojo y calculando la tasa de pérdida de calor. De esta forma estimó una edad de entre 75.000 y 168.000 años, lo cual era aún muy bajo pero revolucionario para la época.

En pleno siglo XIX, Charles Darwin en su libro "El origen de las especies" estimó la edad de la Tierra en unos 306 millones de años en base a sus cálculos, pero no tenía forma de demostrarlo.

En 1897, Willian Thomson, que fue una gran físico del siglo XIX y padre de la escala de temperaturas absolutas que lleva su nombre (barón de Kelvin), afirmó que la Tierra no podría tener más de 24 millones de años, debido a que una estrella como el Sol agotaría su combustible en un tiempo menor a ese; pero la mayoría de los fósiles parecían contradecirle.

La confusión y el desatino en dar con una edad creíble duró al menos hasta 1904, año en el que el neozelandés Ernest Rutherford presentó su trabajo. Rutherford no dio con una edad muy aproximada, pero sí con el medio a través el cual se ha seguido investigando desde entonces. Rutherford se encontraba estudiando la radioactividad recién descubierta por Pierre y Marie Curie y en concreto la desintegración del uranio. Observó que todas las muestras de material radioactivo tardaban siempre el mismo tiempo en descomponerse hasta la mitad. De esta forma, calculando la radiación que tenía actualmente un material y la rapidez con la que se estaba desintegrando, se podía determinar su edad. Así que calculó la edad del mineral del que procedían sus muestras de uranio, y pudo estimar que tenía una edad de 700 millones de años.

La actualidad



Aún han tenido que pasar muchos años, y a partir del estudio de la radiación se han ido encontrando minerales cada vez más antiguos. De una forma un tanto irónica, la edad actual, 4.550 millones de años, calculada con un error menor del 1%, no ha resultado del estudio de la Tierra, sino de meteoritos cercanos que, lejos de la superficie terrestre, se han mantenido a salvo de la erosión.

2 comentarios:

Oscar Falfan dijo...

wintern:

Agradezco tu comentario en "Gos ¿Google S.O.?" , que mas bien es una observacion. Ya que los datos provienen directamente del web donde distribuyen este S.O, al analizar otra vez el texto y el contenido del web me imagino que esa licencia de Copyright es del web y no del S.O. Asi que he corregido la información.

A demás te comento que tu blog me resulta ser de mucho interés. Con buen nivel en cuanto contenido y aprovechando te dejo abierta la posibilidad de hacer un intercambio de links.


Saludos y exito¡¡¡

notycs: ni te imaginabas...

paxed dijo...

La edad de la tierra se la encargaron a un joven recien licenciado llamado Clair Patterson. Su historia es tan fascinante como desconocida y hace unos años la publiqué en mi (ya desaparecido) blog:

"Hay grandes personas que suelen ser perfectos desconocidos para el resto. Ya comenté anteriormente el caso de un héroe nacional, Blas de Lezo. Hoy me gustaría comentar el caso de una de las personas más importantes que han vivido en el siglo XX y que por esos oscuros laberintos con que juega el destino, es un perfecto desconocido para casi todo el mundo a pesar de que con su esfuerzo consiguió cambiar el rumbo del mundo para mejorarlo.

Se trata de Clair Patterson. Clair nació en 1922, fue geólogo y fue la persona que en 1953 determinó la edad de la Tierra y que es aceptada por todo el mundo como exacta: 4550 millones de años, con un margen de error de 60 millones de años. Con ello puso fin a una discusión de más de 200 años de antigua sobre la verdadera edad de la Tierra. No obtuvo el premio Nobel por ello pese a todo. Por menos de eso se han concedido nobeles a otras personas.

Pero Clair Patterson no fue grande por ello, pese a que lo que hizo fue enorme, fue grande y se merece nuestro recuerdo y nuestra más alta consideración por otra cosa. Durante el proceso de datar la edad de la Tierra se encontró con enormes dificultades. Básicamente su proceso se basaba en determinar la cantidad de uranio transmutado a plomo tanto en la rocas más antiguas que podía hallar como el los meteoritos, que suponía (acertadamente) que tenían la edad de la Tierra. Pero la cantidad de plomo que encontraba era más de doscientas de veces superior a lo esperado. Investigando en los estratos de hielo de Groenlandia se dio cuenta que hasta 1923 apenas sí había plomo en la atmósfera, pero a partir de ese año el nivel de plomo se incrementaba notablemente.

El plomo se acumula en el organismo y lo envenena. No es expulsado con las heces, el sudor, la respiración o la orina. Es un producto neurotóxico, daña el cerebro y el sistema nervioso central. Provoca ceguera, parálisis, cáncer, alucinaciones bruscas y aterradoras, insuficiencia renal... en fin, mejor no ingieras demasiado plomo con tu dieta.

Una vez determinada la edad de la tierra, Clair se dedicó investigar sobre el por qué de tanto plomo en la atmósfera y quedó absolutamente asombrado al averiguar lo poco que se sabía sobre los efectos del plomo en el organismo humano. Y lo que era mucho peor, que lo que creía se sabía estaba equivocado, era confuso o radicalmente erróneo. La cosa no era sorprendente, puesto que la mayor parte de los estudios estaban financiados por los mismos fabricantes de los aditivos de plomo.

Clair se dedicó en cuerpo y alma a tratar de que el gobierno de los E.E.U.U. promulgara leyes que limitaran el uso del plomo y sus derivados, sobretodo como aditivos en las gasolinas como antidetonante. Prácticamente todo el tetraetilo de plomo que se fabricó en el mundo desde 1923 en adelante lo hacía una compañía estadounidense llamada Ethyl Corporation, una empresa extremadamente poderosa e influyente.

Fue terrible. Clair contra Ethyl. Patterson se encontró de pronto con que se le retiraban parte de los fondos con que operaba en su laboratorio del MIT (Instituto Tecnológico de California) y le resultaba tremendamente dificil conseguir dinero. Incluso el Instituto Americano de Petróleo canceló una investigación que tenía con él, siendo el IAP un organismo público. Lo mismo hizo el Servicio de Salud Pública de los EEUU. Patterson fue convirtiendose en un problema cada día más para su institución y los administradores del MIT fueron objeto de numerosas presiones por parte de influyentes directivos de Ethyl para que silenciaran o prescindiesen de Clair Patterson. Ethyl dicen que llegó a ofrecer financiar una cátedra en el MIT "si se mandaba a Patterson a hacer las maletas". Se llegó incluso a excluirle de una comisión del Consejo Nacional de Investigación para evaluar los peligros del plomo atmosférico, siendo Patterson la máxima autoridad mundial sobre el asunto.

Pero Clair Patterson, de Iowa, fue honorable con sus principios y se mantuvo firme. En 1970 se aprobó la Ley del Aire Limpio en los EEUU y acabó por eliminar todo aditivo de plomo en las gasolinas en 1986. El nivel de plomo en sangre de los norteamericanos cayó un 80% de forma inmediata, aunque aun es más de 600 veces superior al que tenía un americano antes de 1923. También consiguó eliminar el plomo de las pinturas de interior y prácticamente de todo uso alimentario (tubos de dentrífico, soldaduras de latas de conserva...).

Clair Patterson murió en 1995. No ganó el Nobel. No fue famoso ni se le prestó mucha atención pese a los 50 años de trabajos coherentes y abnegados."